Adquirir un ordenador nuevo, ya sea portátil o sobremesa, supone un coste normalmente elevado, puesto que la mayoría de autónomos y pequeños empresarios elegimos equipos con lo último en tecnología “para no tener que cambiarlo dentro de dos años”.
Vamos añadiendo características y lo queremos con todo: “¿Tiene el office? ¿Y el Photoshop? ¿Traerá el Windows Vista ese que tiene de todo, no? ¡Ponme un antivirus, y que sea bueno!”. La respuesta a todas estas preguntas del vendedor, en muchas tiendas de informática “de barrio”, suele ser un alegre “¡por supuesto!”.
Dejando a un lado que a ciertas empresas les interese o no éste tipo de prácticas, o la moralidad tanto del vendedor como del comprador, lo cierto es que instalar software sin licencia puede tener unos costes muy superiores al 0 que pagamos por él, y que variarán dependiendo del negocio al que nos dediquemos.
Falta de asesoramiento: dependiendo de la complejidad del programa en cuestión, es posible que en algún momento necesitemos ayuda para utilizar alguna de sus características, o para resolver alguna pequeña incidencia. Lo más seguro es que acudamos al vendedor que nos lo instaló que, también con total seguridad, no tendrá la menor idea de cómo solucionar el problema. ¿Moraleja? Llamar al fabricante, que nos invitará amablemente a pagar la licencia si queremos recibir ayuda.

