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Sólo se prohíbe aquello que es habitual, también en la tecnología


Hubo un tiempo en el que viví en un pequeño apartamento, cuarto piso sin ascensor. Al iniciar a subir la escalera había un letrero que decía “Se prohíbe escupir en la escalera”. Recuerdo que a todo el mundo le llamaba la atención dicho cartel, en sus portales no había nada parecido y nunca se les hubiera ocurrido escupir en su escalera. Y es que sólo se prohíbe aquello que es habitual, también en la tecnología sirve esta regla.

Un ejemplo, las empresas que limitan el acceso a Internet de sus empleados, porque han utilizado de forma inadecuada esta herramienta de forma habitual. Redes sociales, juegos, periódicos, etc. son algunos ejemplos, pero se pueden ampliar a todas aquellas páginas que no tienen que ver con nuestra actividad laboral.

Otro ejemplo muy común es la limitación de acceso a los puertos USB. Estas conexiones pueden ser tremendamente útiles en las empresas a la hora de conectar periféricos, pero en muchos casos su uso se ha limitado al ser foco de fuga de datos e infecciones a través de las memorias USB.

Lo mismo podríamos decir del acceso a la información sensible de la empresa, bases de datos de clientes, etc. No sólo ya por una cuestión de funcionamiento interno de la organización, sino porque en muchos casos tenemos que preservar la confidencialidad. Se suele establecer una serie de permisos de acceso a la información en función estrictamente del puesto de trabajo.

Podríamos poner muchos más ejemplos, desde el acceso a las impresoras, hasta cosas más sencillas como tener que fichar al inicio de la jornada porque nadie llega a su hora. Todo esto supone un esfuerzo y una pérdida de recursos para la empresa. Siempre es preferible convencer que imponer, y sobre todo, en estos casos mucho más barato para la empresa.

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Imagen | Phoenix Trimegisto

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